Durante este breve pero intenso periodo que llevo haciendo prácticas he tenido la oportunidad de comprobar que la vida de profesor no es solo ir a clase, enseñar la lección e irme a casa, sino que entre esos procesos también están el de vivir y crecer como persona, formarse y experimentar, y también el de volver, siempre volver. Sé que suena utópico pues nunca es del todo sencillo eso de volver una vez más a dónde has estado un tiempo, la vida es cambio y con ello dejamos atrás mucho. Pero en este caso cuando digo volver, me refiero al concepto de volver no físicamente sino como recuerdo o como valores y enseñanzas dejadas donde estuve.
Es
totalmente imprescindible presentar una actitud de disponibilidad plena. Con
esto me refiero a esa capacidad y habilidad como profesor de tratar al alumno
desde el respeto, escucharle, hacer que se sienta importante también, ser
empático, saber que lo que puede parecer un pequeño problema, para el alumno
puede ser todo un dilema y por lo tanto hay que darle la importancia que
merece. Mostrarse disponible es el paso de enseñar y llenar un cerebro de
conocimientos, a ayudar a aprender y ayudar a formar un cerebro, una persona,
un corazón…
Para concluir me gustaría decir que considero realmente importante dejar por fin de lado el concepto enseñar o impartir, y conseguir interiorizar el concepto
``ayudar a aprender´´ porque un niño no necesita saber todo, pero si necesita
saber cómo poder llegar a saber todo si lo necesitara en algún momento.
Formemos personas, no rellenemos cerebros.



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